Reflexiones

En marketing y publicidad, como en el caso Obama, hay que ser auténtico además de parecerlo

Marketing me suena a palabra superada, porque suena a falso lo que vende. Detrás del marketing tiene que haber valores, sentimientos de verdad y personas que saben que se dirigen a personas. Nada ya de hablar por hablar. Si te dedicas a hacer yogures, pon lo mejor. Si no, no lo digas, porque ya no te creen. Y así con todo.

Ahí va esta apuesta por empresas dispuestas a hacer negocio con una estrategia empresarial que tenga en cuenta a la gente como lo que es y no como meros consumidores. Ya las hay.

No vale tampoco el marketing 3.0 si sólo vende la idea de grandes equipos de personas, si después estos equipos fantásticos siguen mirando a la gente con la visión poco humana que a veces tiene el marketing del consumidor. O si detrás hay una dirección empresarial que no casa con el espíritu que irradia a través del marketing, de su publicidad, de sus vídeos fantásticos y de su accesibilidad a través de su red social.

Esto es un vídeo estupendo de una compañía moderna: Vueling pintando el fusilaje de un avión con fotos instagram de personas. Que de de nada vale si en el vuelo te toca la azafata fría y distante que no sabe mirarte como persona en lugar de como a un viajero más cuando, cubriendo su expediente, te pone “el bolso (tu bolso) en el suelo para despegar”. O si la compañía te hace pagar con carácter retroactivo y por imposición (o a golpe de letra pequeña) unas tasas administrativas dos meses después de haber comprado un billete.

El marketing que conocíamos hasta ahora, como el modelo Obama, está en crisis. Está en crisis si no hay valores. La sociedad evolucionada no se cree ya la estrategia de la lágrima fácil o de la emoción porque sí que es muchas veces el marketing.

Antonio Caño escribía recientemente en El País un artículo interesante, “El fin del fenómeno Obama”, en el que decía:
“Después de cuatro años, la mística, la ilusión, la euforia, la fe… todas aquellas cualidades extrapolíticas que encumbraron a Obama en su día se han esfumado. Hoy el presidente norteamericano es un político convencional, mejor o peor que su contrincante –eso, el tiempo y los electores lo decidirán– pero tan mortal como él. ¿Puede la izquierda seguir confiando en Obama después de que ha mantenido abierto Guantánamo y ha multiplicado los mortíferos ataques indiscriminados con aviones sin tripulación? ¿Pueden los centristas independientes seguir confiando en Obama cuando se ha triplicado el déficit público? ¿Pueden seguir confiando en Obama los jóvenes, agobiados por sus deudas de estudios y frustrados por la falta de progresos en el desarrollo de energías limpias? ¿Pueden todos los que aspiran al sueño americano confiar en Obama con un futuro tan incierto en una economía que apenas crece al ritmo del 2%?”.

Es decir, que no basta con ser Obama, además hay que demostrarlo.
No basta con el buen marketing para ser una buena (en el sentido más genuino del término) empresa, además hay que demostrarlo.

Alejandro Jodorowsky @alejodorowsky:
“Ayuda siempre a los otros a obtener lo que deseas mientras tú obtienes lo que quieres”.

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