Reflexiones

No apagar el wifi con niños, como cuando antes les exponíamos al humo de tabaco

Al leer hoy en diferentes medios la alarma del wifi por sus posibles efectos nocivos, donde se destaca la vulnerabilidad de los niños y el consejo de no exponerlos innecesariamente a sus radiaciones, me pregunto qué manera tenemos ahora de volver atrás, cuando necesitamos tanto el wifi y en áreas de nuestra vida tan importantes como el trabajo, esto es, para vivir.

Los adultos nos hemos convertido en wifidependientes, qué duda cabe. Los niños todavía no lo son. Entonces, ¿qué necesidad de exponerlos inútilmente a estas radiaciones, fruto de unas necesidades que son nuestras y solo nuestras?

Lo comparo a la época en la que fumar no estaba mal visto y se hacía indiscriminadamente en todos los sitios, exponiendo a los niños al humo del tabaco incluso en el coche, de manera más o menos consciente, o no, por sus padres. Los adultos hacían esta especie de oídos sordos, para su comodidad, a las primeras advertencias del riesgo nocivo que tenía para los de al lado inhalar el humo de tabaco. Por no apagar el cigarrillo, se tragaban el humo los niños hasta en las consultas de los médicos.

Más o menos, es la reacción que estamos teniendo ahora con el wifi, porque tengo la sensación, y hablo por mí misma, de que no nos apetece oír demasiado las advertencias sobre los riesgos que conlleva estar permanentemente conectados. Apagar el wifi en el salón de casa sería privarnos de la comunicación por whatsaap, de nuestra adicción a las redes sociales o al trabajo, que pasa, evidentemente, por tener conexión casi las 24 horas del día.

Pero, al menos, y por si acaso, estaría bien apagar el wifi, tal y como se recomienda en esta noticias, cuando nos vamos a dormir. Tampoco costaría tanto, porque, total, es apagar un botón.

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Punto de vista, Reflexiones, Sensaciones

¿Somos demasiado exigentes con el cerebro?

Nunca he entendido por qué se estigmatiza de forma tan brutal en la vida cotidiana la enfermedad mental, que para mí, es una forma de hacer culpable al paciente de lo que le ocurre; de la manera de funcionar de su cerebro, de la genética, de su química particular, por decirlo de alguna manera (me fallan los conocimientos en neurología para poder dar más precisión científica a este texto).

Así que, como primer paso en contra de la estigmatización de la enfermedad mental, hago un confieso “yo también, en parte, tengo algún trastorno” (todos lo tenemos). Y porque creo que se requiere mucha valentía personal y un buen trabajo de aceptación, desde luego, para luchar contra este tabú, que aísla, que deja solo al paciente, en la absoluta soledad, incluso consigo mismo.

Leyendo estos días, además, diversos libros sobre inteligencia emocional, emociones y el poder que tienen de influir de forma automática en nuestro cerebro y en nuestra conducta, tantas veces sin que podamos controlar este proceso, considero un error culparnos continuamente por actitudes o acciones que realmente se nos han escapado de las manos. Las emociones disparan una forma automática de funcionar que muchas veces corresponde a cómo siempre hemos actuado, y poco podemos hacer al respecto, de momento, y sin ser plenamente conscientes de ello.

Así que, lo primero, lo que considero fundamental, es tener menos sentimiento de culpa y sí admitir que estamos dominados por estos estados de ánimo que desencadenan todo un mecanismo neurológico a partir de una sensación, un recuerdo; como si la memoria disparara todos nuestros miedos, frustraciones, acciones defensivas que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida… Detectarlo, posiblemente, es el primer paso para cambiarlo. Sabiendo que será un proceso lento. Porque, desde luego, sí creo en la plasticidad del cerebro.  

Se trataría de ir trabajando estos cambios, pero a la vez, sabiendo que se necesita tiempo para nuevas rutinas, y que no es fácil, porque llevamos toda una vida funcionando de una determinada manera y con este piloto automático que dispara reacciones. Admitiendo que el cerebro tiene su propio mecanismo interno y que es difícil modificar, y que con paciencia, voluntad y menos carga de culpabilidad, podemos ir cambiando despacio cosas de nosotros mismos y de conductas que no nos gustan o tanto nos perjudican.

Otra cosa es pretender que la gente de nuestro entorno entienda por qué funcionamos de una determinada manera y las razones de nuestra conducta, reacciones o respuestas. Así que, quizás, es mejor no pretender que nos entiendan del todo y ser más benevolentes también con la falta de comprensión que obtenemos en determinados momentos de los demás.

Volviendo al tema de enfermedades o trastornos mentales, creo, sinceramente, que de una vez, hay que mirarlo como algo que supera al propio paciente. Y aunque sus conductas son muchas veces molestas o dificultan la vida de la gente que forma parte de su entorno, es muy importante para su propia autoestima y superación dejar de estigmatizarlos. Que le traten de loco, que le dejen de querer por ello, que le aíslen por ello y le cataloguen como tal, deja al enfermo en una condición de soledad absoluta que no hace más que agravar su locura y los pensamientos negativos en torno a sí mismo. No hace falta tener demasiada empatía para darse cuenta de cómo sufre una persona con alguna enfermedad mental.  

Es hora de ser menos exigentes con nuestro cerebro y el de nuestros congéneres. Ya va siendo hora de que seamos realmente benevolentes y miremos con más humanidad  y menos exigencia a la gente que sufre algún trastorno mental, del grado que sea. Como lo hacemos con otras enfermedades. Porque es justo para ellos, porque mejoraríamos su estado, y porque es la mejor forma que tenemos de solidarizarnos con la realidad. Y es que no controlamos muchas veces, tantas veces, lo que ocurre en nuestro cerebro. Beneficia, además, y mucho, el amor que podamos ofrecerles y nuestra comprensión.

Reflexiones

Cosas surrealistas como que se te incendie el lavaplatos y reputación digital

Ayer se me incendió el lavaplatos. Es de estas cosas surrealistas de las que, al final, una aprende.

He aprendido, en primer lugar, lo hijo de p… que es el fuego cuando prende en casa. Así que, hoy sin falta -y es una recomendación que hago a todo lector- me compro un pequeño extintor para tenerlo bien a mano.

He aprendido que una desgracia puede acabar en cuestión de segundos con las tontería con las que nuestra cabeza se pelea todos los días. Lo que llevo peor hoy, después del susto, no es el miedo por el humo negro del plástico que tragué al volcarme a apagar aquel fuego que prendía en el cuadro de botones del lavaplatos, sino la impotencia como madre cuando tus dos hijos te miran asustados al lado.

Afortunadamente, se ha quedado en un susto. Y en una experiencia, como digo, de la que tomo nota. Y escribo.

Bosch había informado por campaña de un bajo riesgo de incendio en algunos de sus aparatos lavavajillas. Ahora, me pregunto si es que fui la gafe, la una entre mil, o si, realmente, lo que ocurre es que hay un riesgo altísimo de incendio y todos los lavaplatos de esta serie mueren así, con un cortocircuito en el cuadro de mandos.

Estoy a la espera de la respuesta competente para seguir con afirmaciones rotundas. Pero lo que sí afirmo, y es otra de las cosas que he aprendido de esta experiencia, es que la reputación digital, el miedo a una mala reputación digital, nos salva en este mundo hipócrita de las marcas y el consumo.

Esta mañana nada más levantarme lo primero que he hecho ha sido llamar al número gratuito de atención telefónica de la campaña de prevención contra incendios del lavaplatos de esta marca. Mi enfado era evidente. La operadora que me me ha atendido me ha colgado el teléfono diciéndome que ella no era la culpable. He vuelto a llamar: “Oiga, ¿usted es consciente de lo que ocurrió ayer en mi casa?”.

Ayer tuve la ocurrencia de hacer un tuit con mención a Bosch denunciando el incendio. La respuesta ha sido otra, y han sido ellos mismos los que se han puesto urgentemente en contacto conmigo. Todavía estoy a la espera de una respuesta más oficial, que estoy segura que vendrá. Pero, jolines, qué mundo éste.

Consumidores, el miedo a una mala reputación digital todavía puede salvarnos de algo.

Reflexiones, Temas de Salud

La enfermedad emocional y el riesgo psicosocial en época de crisis

En época de crisis, empresas más impacientes y enfocadas al cien por cien a resultados. Por eso no se ven claras inversiones, por ejemplo, en redes sociales, cuyos resultados suelen darse a largo plazo, y muchas PYMES creen que están perdiendo el tiempo en social media. Profesionales de la comunicación bajo presión, enfocados en el marketing, en las ventas, y menos fe en contenidos que vayan creando despacio imagen de marca, credibilidad, fidelidad, mejor comunicación, interacción con el cliente, etc.

Hecha la introducción a partir de la situación que vive el colectivo profesional al que pertenezco, quiero hablar del estrés en general que crea la presión y el desconcierto; de la angustia de este tiempo de crisis, que acaba afectando a todos los ámbitos de la persona, especialmente, al familiar: los niños son un colectivo que ya está afectado por el estado emocional de sus padres.

Estaría bien que el próximo día 28, dia mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, centrado este año en la Prevención de la enfermedad profesional, se mirara muy a fondo la enfermedad emocional que han causado la prima de riesgo, la reforma laboral, los recortes, el déficit y demás espadas de damocles que se ciernen sobre el personal en activo. En cuanto a los seis millones de desempleados… ésta es una historia paralela que suele acabar en el mismo sitio: la enfermedad.

El estrés, el desconcierto y la angustia acaban en las consultas de los médicos. Y eso genera profesionales sanitarios desbordados por las emociones -las de sus pacientes y las suyas propias- que hay que sanar. Y todo eso, cuando ni hemos hablado de lo importante que es reducir el riesgo psicosocial para que no acabe derivando en otras enfermedades.

El cuerpo pasa factura a la angustia, que no se nos olvide. Es hora de parar. De cambiar de actitud, pese al contexto. Porque, ¿dónde vamos? Una pregunta que implica a todo y todos, pero que ahora mismo solo podemos resolver a nivel personal, cada uno por su cuenta, y lo primero es tomar consciencia.La primera regla para una buena actitud profesional-emocional podría ser buscar acciones de valor cada mañana como manera de afrontar la agenda. Pocas acciones, sencillas, pero que den valor al tiempo trabajado. No importa cuánto, sino cómo trabajamos.

Yo, desde el luego, todavía no renuncio a una situación feliz en el trabajo. Los tiempos dirán…

Reflexiones

Plataformas que utilizan tu nombre y tus contactos para crecer

Recibo a través de una persona conocida una invitación a unirme a una plataforma que ni flowers llamada Flipora; utilizando el reclamo de la amistad o de la relación con ella: “Fulanita quiere contactar contigo; ¿eres amiga de fulanita?”.

Por deferencia -solo por deferencia- hacia esta persona, acepto. Y automáticamente, carga todos mis contactos de mi cuenta de gmail y dispara una invitación similar utilizando mi nombre.

De esta forma es cómo recibieron una invitación a conectarse a través de mí no sé muy bien a qué gente que apenas conozco, mis jefes, personas con las que he establecido un contacto puramente profesional, profesores del colegio de mis hijos, padres del colegio de mis hijos, gente con la que ya ni tengo relación…

Estos mensajes intrusistas utilizando tu cuenta de email y tu nombre dan al traste con la forma que tienes de relacionarte con la gente, con tu estilo, con tu imagen… Con tu comunicación. Y no puedes hacer nada. Quizás un mensaje advirtiendo de que un virus o similar ha mandado esto. Aunque no sabes si es peor el remedio que la enfermedad.

Por suerte, hay gente con la que no tendrías que justificar nada. La gente importante, seguramente.

Reflexiones

Desvincularse del desbarajuste empresarial y ser feliz trabajando

No dejes que en tu empresa se olviden de para lo que te contrataron, de lo que realmente sabes hacer y en lo que eres feliz trabajando. Porque una de las peores cosas que le puede pasar al profesional en la empresa es que diversifiquen su trabajo, y éste no sepa ya muy bien en qué centrarse. O peor aún, que pierda importancia el trabajo inicial para el que le contrataron, que normalmente, suele corresponder a aquello en lo que tenemos experiencia, nos gusta o en lo que nos hemos formado.

Pasa en esta situación de crisis y de reducción de personal, especialmente en pequeñas empresas, que los empleados acaban haciendo un poco de todo. Esto, que para mí es como poner parches, suele acabar quemando al personal y perjudicando al propio negocio, porque lleva como consecuencia que todos los empleados estén un poco en todo y que no se sepa bien de quién es realmente la competencia o a quién corresponde solucionar lo de cada área. Es decir, que todos los empleados estén a medias… en todo.

Si tienes la suerte de ganarte la vida haciendo lo que sabes o en lo que realmente te gusta hacer, deja claro que quieres focalizar bien. A lo mejor, una forma de conseguirlo es ofreciendo tus servicios como autónomo o freelance. De esta forma es como se suele conseguir que el desbarajuste general en la organización afecte lo menos posible, o que afecte lo menos posible a tu trabajo. Esto es lo que te permitiría centrarte realmente o destacar en el ámbito donde realmente tú puedes aportar y disfrutar aportando.

La experiencia me ha demostrado que hay jefes que pueden sacar lo mejor de ti, y otros, lo peor. Pero lo que de verdad lo determina, más que el tipo de jefe, es el tipo de trabajo que te hace desempeñar esta persona. No soportarás a tu jefe si te hace hacer un trabajo que no soportas. Amarás a tu jefe si realmente junto a él puedes hacer lo que te gusta. Y si es lo que te gusta, si es lo que te apasiona, seguramente tu trabajo será excepcional y nadie lo pondrá en duda. Yo, desde luego, me niego a prescindir de ser feliz trabajando. ¿Y tú?

Reflexiones

Una idea de país sustentada sólo en una emoción

Mi hijo de seis años llega a casa diciendo que los españoles nos roban y no nos dejan hablar catalán. ¡Paso de fomentar odio! ¡Paso de generalizar!

El meu fill de sis anys em diu que els espanyols ens roben i no ens deixen parlar català. Passo de fomentar odis! Passo de generalitzar.

¿Qué es ser catalán? ¿Qué tipo de estado sería éste independiente? ¿Sería totalmente laico? ¿Apostaría de verdad por la educación? ¿Subiría el sueldo medio interprofesional?

Què és ser català? Quin estat seria aquest independent? Seria totalment laic? Apostaria realment per l’educació? Pujaria el sou mig interprofessional?

Estas son algunas de las respuestas que necesito para creer en un estado independiente. No las banderas ni una idea de país que se basa sólo en una emoción.
No me gusta ningún político catalán y no iré a ninguna manifestación con un político de derechas.

Aquestes són les respostes que em calen per creure en un estat independent. No les banderes ni una idea de país que només s’aguanta a partir d’una emoció. No m’agrada cap polític català ni aniré a cap manifestació amb un govern de dretes.

Bona diada! Visca Catalunya i visca tot el món!

“Las creencias (en religiones, en ideas, en nacionalismos) no unen a los hombres, sino que los separa”
Krishnamurti.

Reflexiones

En marketing y publicidad, como en el caso Obama, hay que ser auténtico además de parecerlo

Marketing me suena a palabra superada, porque suena a falso lo que vende. Detrás del marketing tiene que haber valores, sentimientos de verdad y personas que saben que se dirigen a personas. Nada ya de hablar por hablar. Si te dedicas a hacer yogures, pon lo mejor. Si no, no lo digas, porque ya no te creen. Y así con todo.

Ahí va esta apuesta por empresas dispuestas a hacer negocio con una estrategia empresarial que tenga en cuenta a la gente como lo que es y no como meros consumidores. Ya las hay.

No vale tampoco el marketing 3.0 si sólo vende la idea de grandes equipos de personas, si después estos equipos fantásticos siguen mirando a la gente con la visión poco humana que a veces tiene el marketing del consumidor. O si detrás hay una dirección empresarial que no casa con el espíritu que irradia a través del marketing, de su publicidad, de sus vídeos fantásticos y de su accesibilidad a través de su red social.

Esto es un vídeo estupendo de una compañía moderna: Vueling pintando el fusilaje de un avión con fotos instagram de personas. Que de de nada vale si en el vuelo te toca la azafata fría y distante que no sabe mirarte como persona en lugar de como a un viajero más cuando, cubriendo su expediente, te pone “el bolso (tu bolso) en el suelo para despegar”. O si la compañía te hace pagar con carácter retroactivo y por imposición (o a golpe de letra pequeña) unas tasas administrativas dos meses después de haber comprado un billete.

El marketing que conocíamos hasta ahora, como el modelo Obama, está en crisis. Está en crisis si no hay valores. La sociedad evolucionada no se cree ya la estrategia de la lágrima fácil o de la emoción porque sí que es muchas veces el marketing.

Antonio Caño escribía recientemente en El País un artículo interesante, “El fin del fenómeno Obama”, en el que decía:
“Después de cuatro años, la mística, la ilusión, la euforia, la fe… todas aquellas cualidades extrapolíticas que encumbraron a Obama en su día se han esfumado. Hoy el presidente norteamericano es un político convencional, mejor o peor que su contrincante –eso, el tiempo y los electores lo decidirán– pero tan mortal como él. ¿Puede la izquierda seguir confiando en Obama después de que ha mantenido abierto Guantánamo y ha multiplicado los mortíferos ataques indiscriminados con aviones sin tripulación? ¿Pueden los centristas independientes seguir confiando en Obama cuando se ha triplicado el déficit público? ¿Pueden seguir confiando en Obama los jóvenes, agobiados por sus deudas de estudios y frustrados por la falta de progresos en el desarrollo de energías limpias? ¿Pueden todos los que aspiran al sueño americano confiar en Obama con un futuro tan incierto en una economía que apenas crece al ritmo del 2%?”.

Es decir, que no basta con ser Obama, además hay que demostrarlo.
No basta con el buen marketing para ser una buena (en el sentido más genuino del término) empresa, además hay que demostrarlo.

Alejandro Jodorowsky @alejodorowsky:
“Ayuda siempre a los otros a obtener lo que deseas mientras tú obtienes lo que quieres”.

Reflexiones

Urge un cambio de discurso periodístico

No aprovechar la credibilidad de la que todavía goza el periodismo para minimizar el pánico que crea hablar constantemente de crisis. Éste es el fracaso del periodismo de este principio de siglo. Sacar en portada la agenda de estos políticos. Es el gran fracaso de la sociedad de la información. Porque está claro que no ha funcionado el discurso:
¿de qué nos ha servido, entonces, estar tan bien informados, si retrocederemos años en estado de bienestar?

Ninguna sociedad, ningún país, ningún individuo puede emerger inmerso en un estado de pesimismo. Urge un cambio de discurso. Propongo a algún medio de comunicación lanzar una comedia a la inversa de “la guerra de los mundos”; para que cunda otra visión. Quizás otro gran hito en la historia del periodismo vendría por inventar un discurso con aires de optimismo que hiciera cambiar la visión pesimista en la que periodistas y todos juntos nos hemos sumergido.

Reflexiones

¿A qué jugábamos, si era engendrar un monstruo las nucleares?

Ya sabíamos que la energía nuclear era engendrar un monstruo.
¿A qué jugaba el hombre? ¿A qué jugábamos?
Lo de Japón no es ciencia ficción. ¡Que la realidad siempre lo supere todo…!
Que haya superado al gobierno de Japón. Que nos haya superado a todos. A los hombres más preparados en esta ciencia tan poco inteligente.
Tan inteligentes estos hombres, ¿y de verdad se creyeron que lo podian controlar todo?

Reflexiones

¡Barcelona, más alegría!

Barcelona está deprimida. Se ve claro si viajas a Madrid.

En Madrid están más contentos, a pesar de la crisis. Los taxistas no paran de criticar a Zapatero. Pero echan chispas contentos. Pueden llegar incluso a reírse cuando hablan de política. Y te llevan contentos a los sitios, aunque trabajen en sábado y sean las tres de la madrugada.

Los camareros sirven contentos, incluso con el local abarrotado. Te dicen con una sonrisa: “Aquí no puedes estar, que me cierras el paso”. Te dan una nueva ubicación intercalando bromas y aceitunas (gratis, todavía), y todos tan contentos. Mucho más profesionales. Está claro. Madrid es la reina de la noche. Y lo sigue siendo, a pesar de la crisis.

En Barcelona llevamos un cabreo a secas. Demasiado contundente, que se palpa en un taxi, en los restaurantes, en la oficina y hasta por la calle.

Recomiendo a los barceloneses deprimidos y contundentes que vayan a Madrid como terapia. Contagia, de verdad. Te olvidas por una noche de la crisis.

¿Qué les das, Esperanza?
Montilla, ponte las pilas; marcha, una movida, aunque sea en versión catalana.

Barcelona, ¡más sentido del humor!, que estamos demasiado trascendentales. Con todo el cariño.

Reflexiones

“Me vendo” o el ego en social media

Estar activo en social media es como hacer un máster en publicidad. Publicidad de uno mismo, claro.

Escribir tuits es como hacer un curso de redacción periodística: síntesis, síntesis, síntesis.

Y sobre todo, ¿alguien sabe dónde se ecriben los sentimientos en Social Media? ¿Dónde se desnuda el alma?
(Voy a convertir la idea en tuit; deformación tuitera, ya)

En fin, ¡que vamos todos con el cartel de “Me vendo” por la social media! (todos, de guapos, listos, graciosos, enrollados…).

¿Y nuestros miedos, nuestras inseguridades? Si es que hasta los días de bajón publicitamos con gracia.

Los sentimentos, lo privado, queda donde siempre ha estado (y donde sólo tendría que estar):
en el círculo privado. En cuatro paredes físicas, y no en un muro. Donde sólo caben los amigos, los cuatro amigos, amigos, que tenemos en Facebook.

Reflexiones

Apagón

Noche de apagón, como los de antes, como los de siempre.

Mi hija [seis años] me pregunta por qué no se enciende ninguna luz. “La tormenta ha causado una avería”. Ya saben, la respuesta clásica.

¡¿Tormenta?!…  ¿Cómo iba a decirle que tenemos un país cutre, con una infraestructura cutre, políticos cutres, gobierno cutre…?

Ayer fue noche de cena a la luz de una vela. Y a la cama, con transistor.

¡Viva la era 2.0!

PS: 11:16 h de la mañana. Seguimos sin luz.